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RESPONSABILIDAD NO NEGOCIABLE-parte 2-

EL PLAN DE DIOS PARA TRANSMITIR VALORES-parte 2-

Exactamente lo mismo  puede decirse del sagrado deber que los padres tenemos de “pasar” a nuestros hijos los conceptos de lo bueno y lo malo en la carrera de la vida.  Precisamente por esta razón,  Dios ordena: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñalas continuamente a tus hijos…” (Deuteronomio 6:5-7,-Dios Habla Hoy-).

Tienen razón los esposos Youngberg cuando afirman que “nada de lo que se haya escrito, antes o después, sobrepasa esta instrucción en cuanto a la enseñanza de nuestros hijos”.

Expliquemos porqué:

1.     El versículo 5 menciona una condición básica para que el “testigo” pase de padres a hijos” Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón…” Si los padres pretenden que sus hijos amen a Dios por sobre todas las cosas, ellos mismos deben experimentar primero tal amor.  De lo contrario,  ¿cómo podrán transmitir lo que no tienen?

2.     La exhortación a amar a Dios debía ser comunicada a los hijos en la casa y por el camino, al levantarse y al acostarse; es decir, debía ser parte integral de la vida familiar en todo momento.

3.     El versículo da por sentado que padres e hijos pasan juntos mucho tiempo.  Esto pudo ser cierto en otras épocas, pero no lo es hoy.  En nuestros días los niños pasan más tiempo con otros niños, con sus maestros y con la televisión, que con sus padres. ¿Cuál es, pues, el desafío que los padres enfrentamos hoy? Aprovechar al máximo el poco tiempo que compartimos con nuestros hijos, a fin de asegurarnos que hagan suyos nuestros principios y valores.

UN SOLEMNE ENCARGO

¿Por qué son los padres los primeros responsables en la tarea de transmitir a sus hijos principios y valores? Porque los padres “Están en el lugar de Dios para sus hijos, para fomentar cada principio correcto y reprimir cada pensamiento equivocado”. (La conducción del niño. Elena White)

Si, los padres somos responsables ante Dios de que los principios y valores de las Sagradas Escrituras se transmitan a nuestros hijos.  ¿De qué valores estamos hablando? Los que el Señor Jesucristo ejemplificó con su vida en esta tierra: respeto a los padres, integridad, veracidad, amor al prójimo, responsabilidad, justicia, rectitud…

Del cumplimiento, o incumplimiento, de esta sagrada responsabilidad dependerá que cada hogar sea un poder para el bien o para el mal.  “En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño…Allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio”. (Consejos para los maestros-Elena White).

Leamos con atención las siguientes palabras si queremos que nuestros valores pasen a nuestros hijos.  “Los ideales no sobreviven sencillamente por ser grandes o verdaderos.  Sobreviven sólo cuando son implantados en las vidas y en los caracteres de los niños y jóvenes” (John y Millie Youngberg).  Recordemos  nuestros principios y valores no pasarán a nuestros hijos de manera automática, o porque son buenos.  La transmisión se producirá cuando intencionalmente nos esforcemos en que así sea.

¿Sobrevivirán nuestros ideales después que nosotros, los padres, hayamos ido al descanso? ¿O los llevaremos a la tumba con nosotros? Si la vida es una carrera, y el “testigo está en nuestras manos, entonces debemos pasarlo, porque la responsabilidad que Dios nos ha dado no es negociable.

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