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CIERTAMENTE VENGO EN BREVE”- Juan añade- “AMEN; SI VEN, SEÑOR JESÚS”  (Apoc.22:20).

¡Ver a Jesús!  ¡Unirnos para siempre con El, que nos ama mucho más de lo que podemos imaginar! ¡Poner fin a todos los sufrimientos terrenales! ¡Disfrutar de la eternidad con nuestros amados resucitados que ahora descansan!   No es de extrañar entonces, que sus amigos lo hayan esperado desde su ascensión hasta el día de hoy.

LA ESCRITURA DESCRIBE LOS SUCESOS: “Salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está”. Esta voz hace estremecer la tierra, causando “un terremoto tan grande, cuál no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra”  (Apoc.16:17, 18-véase 19, 20) “Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar” (Apoc.6:14).  A pesar del caos, el pueblo de Dios no temerá al ver “la señal del Hijo del Hombre” (Mat.24:30).  Cuando descienda con las nubes de los cielos, todo ojo verá al Príncipe de vida.  Viene esta vez, NO como varón de dolores, sino como un conquistador victorioso a reclamar lo suyo.

En lugar de la corona de espinas, llevará la corona de gloria “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SENORES” (Apoc.19: 12, 16). El pueblo de Dios dirá: “He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quién hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación”  (Isa. 25:9).

Mientras Jesús se acerca, llama a los santos que duermen en sus tumbas y envía a sus ángeles para que junten a”sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mat.24:31).  Por todo el mundo los muertos justos oirán su voz y se levantarán de sus tumbas.  Luego los justos vivos son transformados “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (1Cor15:52) Glorificados y habiendo recibido inmortalidad, son arrebatados junto con los santos resucitados en el aire para encontrarse con su Señor y morar con El para siempre (1 Tes.4:16, 17).

LA CERTEZA DEL RETORNO DE JESÚS.  Los apóstoles de la iglesia primitiva consideraban que el regreso de Jesús era “la bendita esperanza” (Tito 2:13; compárese con Heb.9:28).  Esperaban que todas las profecías y las promesas de las Escrituras se cumplirían para sus segunda venida (véase 2 Pedro 3:13; compárese  con Isa. 65:17), pues ésta constituye el blanco del peregrinaje cristiano.  Todos los que aman a Jesús esperan con ansiedad el día cuando podrán verle cara a cara, juntamente con el Padre, el Espíritu Santo y los ángeles.

EL TESTIMONIO DE LA ESCRITURA.  La certidumbre de la segunda venida está arraigada en la confiabilidad de la Escritura.  Poco antes de su muerte, Jesús les dijo a sus discípulos que volvería a su Padre con el fin de preparar un lugar para ellos.  Pero, prometió, “vendré otra vez”  (Juan 14:3).

El patriarca Enoc profetizó He aquí viene el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra El”  (Judas 14, 15).

 Mil años antes de Cristo, el salmista se refirió a la segunda venida del Señor para reunir a su pueblo, diciendo: “Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de El, y tempestad poderosa le rodeará.  Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto de sacrificio” (Sal.50: 3-5).Continúa parte 2

 Hay un santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor  erigió y no el hombre. En él Cristo ministra a nuestro favor, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz.  Llegó a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión.  En 1844, al concluir el período profético de los 2300 días, entró en el segundo y último aspecto de su ministerio expiatorio.  Esta obra es un juicio investigador que forma parte de la  eliminación definitiva del pecado, representada por la purificación del antiguo santuario judío en el día de la expiación.  En el servicio simbólico el santuario se purificaba mediante la sangre de los sacrificios de animales, pero las cosas celestiales se purificaban mediante el perfecto sacrificio de la sangre de Jesús.  El juicio investigador pone de manifiesto frente a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos duermen en Cristo  y por lo tanto se los consideran dignos, en El, de participar de la primera resurrección.  También aclara quiénes están morando en Cristo entre los que viven, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y por lo tanto estarán listos en El para ser trasladados a su reino eterno.  Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a los que creen en Jesús.  Declara que los que permanecieron leales a Dios recibirán el reino. La conclusión de este ministerio de Cristo señalará el final del tiempo de prueba otorgado a los seres humanos antes de su segunda venida.

REFERENCIAS

Antiguos escritos judíos revelan que algunos rabinos también creían en un Santuario Celestial Real. El libro de Hebreos revela que en el cielo existe un Santuario Real: “La realidad del Santuario Celestial está subrayada aún más por el adjetivo “verdadero” de Hebreos 8:2. Así como se describe a Dios como “verdadero” en Juan 17:3 y en forma consecuente por Pablo, como por ejemplo en 1 Tes.1:9.

Si Azazel representa a Satanás, ¿Cómo puede la Escritura (véase Lev.16:10) conectarlo con la expiación?  Así como el Sumo Sacerdote, después de haber limpiado el santuario, colocaba los pecados sobre Azazel, el cuál era cortado para siempre del pueblo de Dios, así también Cristo, después de haber purificado el Santuario Celestial, colocará los pecados de su pueblo que hayan sido confesados y perdonados, sobre Satanás, el cuál será eliminado para siempre del mundo de los salvados.  “Cuán apropiado es que el acto final del drama de la lucha de Dios con el pecado consista en la colocación sobre la cabeza de Satanás, de todo el pecado y culpabilidad que, habiendo surgido inicialmente de él, trajo tanta tragedia a las vidas de los que ahora están libertados de pecado por la sangre expiatoria de Cristo.  Así se cierra el ciclo, y el drama finaliza.  Únicamente cuando Satanás, el instigador de todo pecado, sea finalmente quitado, podrá verdaderamente decirse que el pecado ha sido eliminado para siempre del universo de Dios.   En este sentido, podemos comprender que el chivo emisario tiene una parte en la “expiación” (Lev.16:10).  Una vez que los justos hayan sido salvados, los malvados ‘cortados’, y Satanás quitado de la existencia, sólo entonces, el universo volverá a un estado de perfecta armonía, como lo estaba originalmente, antes que entrara el pecado”.

Así en el gran día de la expiación final y del juicio, los únicos casos que se consideran son los de quienes hayan profesado ser hijos de Dios.  El juicio de los impíos es obra distinta y se verificará en fecha posterior.  “Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios: y si primero comienza con nosotros ¿qué será el fin de aquéllos que no obedecen al evangelio de Dios?  (1 Ped.4:17).

El fin del tiempo de prueba para la humanidad es el tiempo cuando ya no es posible el arrepentimiento. Hay tres formas como puede cerrarse el tiempo de prueba para un individuo: 

  • 1-A su muerte;
  • 2-Cuando ha cometido el pecado imperdonable (Mat.12:31, 32;  Luc.12:10); 
  • 3-Cuando el tiempo de prueba se cierre para todos, poco antes de la segunda venida de Cristo.  Mientras Cristo actué como Sumo Sacerdote y Mediador entre Dios y el hombre, estará disponible la misericordia, hasta que la obra sacerdotal de Cristo se haya terminado.  Pero las siete últimas plagas se derraman sin mezcla de misericordia (Apoc.14: 10;  15:1), por lo cuál el tiempo de su derramamiento es después que Cristo ha cesado sus ruegos y se ha terminado el tiempo de gracia”.

 

LOS HIJOS

LA ENTREGA.  Los padres cristianos deben dedicar sus hijos al servicio de Dios tan pronto en su vida como les sea posible. Los padres presentan a sus hijos a Dios en oración, de manera semejante a la forma como José y María presentaron al niño Jesús en el templo (Luc.2: 22-39).  De este modo, el niño comienza la vida como parte de una familia espiritual. En este servicio, los padres también se dedican ellos mismos para educar al niño en los caminos del Señor, con el fin de que en él se forme la imagen de Dios. Con el fin de lograr este propósito, los padres deben llevar a sus hijos a la iglesia, de modo que los pequeños, desde sus primeros  días se conviertan en parte del cuerpo de Cristo.  Luego, cuando el niño llega a la edad escolar, los padres y  la iglesia se esforzarán por permitirle obtener una educación cristiana que alimente  aún más en su corazón el amor por el Señor.

LA CONSTANCIA.   La enseñanza espiritual que imparten los padres, es un proceso continuo que abarca cada fase de la vida del niño. “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás  a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino y al acostarte, y cuando te levantes.  Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deut.6: 7-9; 11:18).

 EL APRENDIZAJE DE LA OBEDIENCIA.Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará  de él” (Prov. 26:6).  La disciplina implica mucho más que el castigo.  El castigo enfoca el pasado, la disciplina mira hacia el futuro. La disciplina es un proceso en el cuál los hijos se convierten en aprendices de los padres para absorber de ellos su preparación, su conducción y su ejemplo.  Significa enseñar importantes principios tales como la lealtad, la verdad, la equidad, la coherencia, la paciencia, el órden, la misericordia, la generosidad y el trabajo.

Cuando los niños aprenden temprano a obedecer a sus padres en forma implícita, la autoridad no les causa problemas en la vida. La verdadera obediencia no sucede como respuesta a un requerimiento, sino porque surge desde adentro.

LA IDENTIDAD SEXUAL   Es en el hogar, y por medio de la sana interacción con los varones y mujeres que comprenden todo el sistema familiar, donde los niños aprenden a funcionar como varones y mujeres dentro de la sociedad. Los adultos necesitan enseñarles la belleza de la sexualidad en desarrollo, usando información correcta y apropiada.

PROMESA DE REFORMA.  Por cuánto la familia constituye el alma misma de la iglesia y la sociedad, la familia cristiana será el instrumento para ganar a sus miembros para el Señor y de mantenerlos en la fe.   Los últimos versículos del Antiguo Testamento constituyen una profecía de lo que sucederá  antes que vuelva el Señor.  “He aquí yo os envió el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón  de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres” (Mal.4: 5,6).  Mientras que, por una parte, muchas fuerzas contemporáneas intentan arrancar  a los miembros del círculo familiar, Dios por su parte hace un llamado a reunirse, a solidificar los vínculos, a convertir y restaurar,  Y las familias que respondan a su llamado, poseerán una fortaleza que revelará verdadero cristianismo, y presentarán con claridad ante el mundo la imagen de Dios.

El benéfico Creador descansó el séptimo día después de los seis días de la Creación, e instituyó el sábado para todos los hombres como un monumento de la Creación.  El cuarto mandamiento de la inmutable ley de Dios requiere la observancia del séptimo día como día de reposo, culto y ministerio, en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado.  El sábado  es un día de deliciosa comunión con Dios y con nuestros hermanos.  Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de santificación, una demostración de nuestra lealtad y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios.  El sábado es la señal perpetua de Dios del pacto eterno entre El y su pueblo.  La gozosa  observancia de este tiempo sagrado de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, es una celebración de la obra creadora y redentora de Dios. 

Es interesante notar que Jesús descansó en la tumba en un “día grande”, puesto que ese sábado era tanto el séptimo día de la semana como el primer sábado de la Semana de los Panes sin Levadura. ¡Que día para que culminase en EL la redención!  El “es bueno” de la Creación se une con el “consumado es” de la redención, cuando el Autor y Consumador nuevamente reposa tras haber completado su obra.

Se puede definir el legalismo como los intentos de ganar la salvación por el esfuerzo individual.  Es conformarse a la ley y a ciertas observancias como un medio de justificación ante Dios.  Esto no es correcto, por cuánto “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de El” (Rom.3:20).  “Los que denuncian la observancia del sábado como legalismo, necesitan considerar los siguiente: Si un cristiano nacido de nuevo se abstiene de adorar dioses falsos y mantiene reverencia como lo mandan el primer y tercer preceptos,  ¿está opuesto a la salvación por gracia?   ¿Se oponen a la libre gracia divina la pureza, la honestidad y la veracidad prescritas por el séptimo, el octavo y el noveno mandamientos? La respuesta de ambas preguntas es NO.  Del mismo modo, el hecho de que un alma renovada guarde el séptimo día no es legalismo, ni es contrario a la salvación solo por gracia.  De hecho, el mandamiento respecto al sábado es el único precepto de la ley que se destaca como una señal de nuestra liberación del pecado y de nuestra santificación únicamente por gracia”.

Es muy claro que no importa cuan rígida o devotamente podamos portarnos el domingo, NO estamos guardando el día de reposo….  El día de reposo fue fundado en un mandato divino específico.  No podemos encontrar ningún mandato semejante para justificar la obligación de observar el domingo”.

En la Escritura, según lo hace claro la historia de la creación, los días se marcaban de puesta de sol a puesta de sol. (véase Lev.32:2).

El ejemplo de Cristo  fue dedicar horas del santo sábado para  alivio de la humanidad sufriente.

LA OBSERVANCIA DEL SÁBADO. El sábado comienza a la puesta del sol el viernes,  y termina a la puesta del sol el sábado por la tarde (véase Gen.1:5; compárese con Mar. 1:32). Al día viernes, la Escritura lo llama el día de preparación (Mar. 15:42), un día en el cuál debemos prepararnos para el sábado.  En este día se deben disponer los alimentos que se consumirán el sábado. (véase  Exo.16:23;  Núm.11:8). Cuando se acercan las horas sagradas del sábado, es bueno que las familias o grupos de creyentes se reúnan para cantar alabanzas, orar y leer la Palabra de Dios invitando de este modo al Espíritu de Cristo para que sea bienvenido. En forma similar uniéndose en adoración poco  antes de la puesta del sol del sábado, pidiendo la presencia y conducción de Dios durante la semana que está por comenzar.

El Señor llama a su pueblo para que hagan del sábado un día delicioso (Isa. 58:13)  ¿Cómo pueden hacer esto?  Su única esperanza de experimentar alguna vez el verdadero gozo y satisfacción que Dios ha provisto para ellos en el día santo, consiste en seguir el ejemplo de Cristo, el Señor del sábado.

Cristo adoraba regularmente en el día sábado, tomando parte en los servicios e impartiendo instrucción religiosa.  Pero el Salvador no se limitaba a adorar. También tenía comunión con los demás, caminaba al aire libre, y se dedicaba a realizar santas obras de misericordia.  Siempre que podía, sanaba a los enfermos y afligidos.

Cuando se lo criticó por su obra de aliviar el sufrimiento, Jesús replicó: “Lícito es en los sábados hacer el bien” (Mat.2:12). Sus actividades de sanamiento no quebrantaron el sábado ni lo abolieron.  Lo que sí hicieron fue terminar con los gravosos reglamentos que habían torcido el significado del sábado como un instrumento divino de refrigerio espiritual y deleite. Dios se proponía que el sábado sirviera para el enriquecimiento espiritual de la humanidad.

El Señor del sábado invita a todos a seguir su ejemplo. Los que aceptan su llamado experimentan el sábado como una delicia y una fiesta espiritual, un anticipo del cielo.  Descubren que “el sábado fue designado por Dios para evitar el desánimo espiritual”.

LA RESTAURACIÓN DEL SÁBADO. En Isaías 56 y 58 Dios llama a Israel a una reforma en torno al sábado. Al revelar las glorias de la reunión futura de los gentiles en su redil (Isa. 56:8), asocia el éxito de esta misión de salvación con la práctica de guardar el sábado como día santo (Isa. 56: 1, 2, 6, 7).

Dios ha bosquejado cuidadosamente la obra específica de su pueblo. Si bien su misión es mundial, se dirige especialmente a una clase de individuos que profesan ser creyentes, pero que en realidad se han apartado de sus preceptos (Isa. 58: 1, 2). Expresa su misión ante esos creyentes profesos en los siguientes términos: “Y edificarán los tuyos las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás: y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeras del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras: Entonces te deleitarás en Jehová…” (Isa. 58: 12-14).

La misión del Israel espiritual es paralela con la del antiguo Israel. La ley de Dios fue quebrantada cuando el poder representado por el cuerno pequeño cambió el reposo del sábado al domingo. Tal como el sábado pisoteado debía ser restaurado en Israel, así también en los tiempos modernos, la divina institución del sábado deber ser restaurada, y es necesario reparar esa brecha que se abrió en el muro de la Ley de Dios.

Lo que cumple esta obra de restauración y magnificación de la ley, es la proclamación del mensaje de Apocalipsis 14: 6-12 en conexión con el Evangelio eterno. Y es precisamente la proclamación de este mensaje lo que constituye la misión de la iglesia de Dios en la época de la segunda venida.  Este mensaje debe despertar al mundo, invitando a cada uno a prepararse para el juicio.

Las palabras usadas en el llamado a adorar al Creador, “aquél que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apoc.14:7), constituyen una referencia directa al cuarto mandamiento de la eterna Ley de Dios.  Su inclusión en esta amonestación final, confirma la especial preocupación que Dios siente porque su sábado tan ampliamente olvidado, sea restaurado antes de la segunda venida.

La proclamación de este mensaje precipitará un conflicto que abarcará el mundo entero. El punto central de la controversia será la obediencia a la Ley de Dios y la observancia del sábado.  Frente a este conflicto, cada uno debe decidir si guardará los mandamientos de Dios o los de los hombres. Este mensaje producirá un pueblo que guarde los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Los que rechacen, recibirán la marca de la bestia.  (Apoc.14:9, 12).

LA OBSERVANCIA DEL SÁBADO. La Biblia especifica que en el sábado debemos cesar nuestro trabajo secular (Exo.20:10), evitando todo el trabajo que se hace para ganarse la vida, y todas las transacciones de negocios (Neh.13: 15-22). Debemos honrar a Dios  “no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras” (Isa. 58:13). Si dedicamos  este día a complacernos a nosotros  mismos, a ocuparnos en intereses, conversaciones y pensamientos seculares o en actividades deportivas, estaremos disminuyendo nuestra comunión con nuestro Creador y violando el carácter SAGRADO DEL SÁBADO. Nuestra preocupación por el mandamiento del sábado debe extenderse a todos los que estén bajo nuestra jurisdicción: Nuestros hijos, los que trabajan para nosotros, y hasta nuestras visitas y animales domésticos (Exo.20:10), con el fin de que ellos también puedan gozar de las bendiciones del sábado.

      

EL CAMBIO PREDICHO.   Hay un solo poder dentro de la cristiandad al cuál se le puede aplicar esta profecía.  Hay una sola organización religiosa que pretende tener el derecho de modificar las leyes divinas. Nótese lo que a través de la historia  han pretendido las autoridades católicas romanas:

Alrededor del año 1400 de nuestra era, Petrus de Ancharano aseveró que “el papa puede modificar la ley divina, ya que su poder no es del hombre sino de Dios, y actúa en el lugar de Dios en el mundo, con el más amplio poder de atar y desatar sus ovejas”.

El impacto de esta aseveración asombrosa se vió demostrado durante la Reforma.  Lutero afirmaba que su guía en la vida no era la tradición de la iglesia, sino la Sagrada Escritura.  Su consigna era sola scriptura- “La Biblia, y la Biblia sola”.  Juan Eck, uno de los principales defensores de la fe católica romana, atacaba a Lutero en este punto, aseverando que la autoridad de la iglesia estaba por encima de la Biblia.  Desafió a Lutero en el punto de la observancia del domingo en lugar del sábado bíblico.  Dijo Eck: “La Escritura enseña: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es  reposo para Jehová tu Dios”,……Sin embargo, la iglesia ha cambiado el sábado al domingo por su propia autoridad, para lo cuál vos (Lutero) no tenéis Escritura”.

En el Concilio de Trento (1545-1563), convenido por el papa con el fin de contrarrestar el protestantismo, Gaspare de Fosso, arzobispo de Reggio, nuevamente sacó a relucir el tema.  “La autoridad de la iglesia  -dijo-  entonces, se ilustra más claramente por las Escrituras; porque, mientras por una parte (la iglesia) las recomienda, declara que son divinas y nos las ofrece para que las leamos…..por otra parte, los preceptos legales de las Escrituras que el Señor enseñó han cesado en virtud de esa misma autoridad (la iglesia).  El sábado, el día más glorioso de la ley, ha sido cambiado al día del Señor…. Estos asuntos y otros similares no han cesado en virtud de la enseñanza de Cristo (porque El dijo que había venido a cumplir la ley, y no a destruirla), sino que han sido cambiados por la autoridad de la iglesia”.

¿Mantiene aún esta posición la Iglesia Católica?  La edición de 1977 del Convert’s Catechism of Catholic Doctrine  [Catecismo de doctrina católica para el converso], contiene esta serie de preguntas y respuestas:

  • P. ¿Cuál es el día de reposo?
  • R. El sábado es el día de reposo.
  • P. ¿Por que observamos el domingo en vez del sábado?
  • R. Observamos el domingo en vez del sábado porque la Iglesia Católica transfirió la solemnidad del sábado al domingo.

En su famosa obra  The Faith of Millions [la fe de millones]  (1974), el sabio católico Juan A. O’Brien llegó a esta conclusión apremiante:  “Por cuanto el día especificado en la Biblia no es el domingo sino el sábado,  ¿no es curioso que los no católicos que profesan tomar su religión directamente de la Biblia y no de la Iglesia, observen el domingo en vez del sábado? Sí, desde luego, es inconsecuente”.  La costumbre de observar el domingo, dice este autor,  “descansa sobre la autoridad de la Iglesia Católica y no sobre un texto explícito que se halle en la Biblia.  Esa observancia permanece como un recordativo de la Madre Iglesia de la cuál las sectas no católicas se desprendieron,  como un muchacho que huye de su hogar, pero que en su  bolsillo todavía lleva una fotografía de su madre o un mechón de su cabello”.???  LA AFIRMACIÓN DE ESTAS PRETENSIONES CUMPLE LA PROFECÍA Y CONTRIBUYE A IDENTIFICAR EL PODER SIMBOLIZADO POR EL CUERNO PEQUEÑO.

        

La popularidad e influencia que le confería al domingo la adoración al sol de los romanos paganos, sin duda contribuyó a su creciente aceptación como día de culto.  La adoración al sol desempeñaba un papel importante por todo el mundo antiguo.  Era “uno de los componentes más antiguos de la religión romana” Debido a los cultos orientales dedicados al sol “desde la primera parte del siglo segundo de nuestra era, el culto al Sol Invictus era dominante en Roma  y en otras partes del Imperio”.

Esta religión popular hizo su impacto sobre la iglesia primitiva a través de los nuevos conversos.  “Los conversos cristianos provenientes del paganismo se sentían constantemente atraídos hacia la veneración del sol. Esto se indica no solamente por la frecuente condenación de esta práctica que hacían los Padres (de la iglesia), sino también por los significativos reflejos del culto al sol que aparecen en la liturgia cristiana”.

El cuarto siglo fue testigo de la introducción de las leyes dominicales.  Primero se promulgaron leyes dominicales de carácter civil, y luego fueron apareciendo las de carácter religioso.  El emperador Constantino promulgó la primera ley dominical civil el 7 de marzo del ano 321 D.C. En vista de la popularidad de que gozaba el domingo entre los paganos que adoraban al sol y la estima en que lo tenían muchos cristianos, Constantino esperaba que al hacer del domingo un día festivo podría asegurarse el apoyo de ambos grupos para su gobierno.

La ley dominical de Constantino reflejaba su propio pasado como adorador del sol.  Decía “En el venerable Día del Sol (venerabili die solis) que los magistrados y la gente que reside en ciudades descansen, y que se cierren todos los lugares de trabajo.  En el campo, sin embargo, las personas que se ocupan en la agricultura podrán continuar libre y legalmente sus ocupaciones.

Varias décadas más tarde, la iglesia siguió su ejemplo.  El Concilio de Laodicea (alrededor del año 364 D.C.), el cuál no fue un concilio universal  sino católico romano, promulgó la primera ley dominical eclesiástica.  En el Canon 29, la iglesia estipulaba que los cristianos debían honrar el domingo y “si es posible, no trabajar en ese día”, mientras que al mismo tiempo denunciaba la práctica de reposar en el sábado, instruyendo a los cristianos a no “estar ociosos en sábado, sino que deben trabajar en ese día”.  En el año 538 de nuestra era, el año marcado como el comienzo de la profecía de los  1260 años, el Tercer Concilio—católico—de Orleans, promulgó una ley aún más severa que la de Constantino.  El Canon 28 de ese concilio dice que el domingo, aún “el trabajo agrícola debiera ser dejado de lado, con el fin de no impedirle a la gente la asistencia a la iglesia”.

EL CAMBIO PREDICHO. La Biblia revela que la observancia del domingo como institución cristiana tuvo su origen en “el misterio de iniquidad”  (2 Tes.2:7), el cuál ya estaba obrando en los días de Pablo.  Por medio de la profecía de Daniel 7, Dios reveló su conocimiento anticipado del cambio que se haría en el día de adoración. La visión de Daniel describe un ataque contra la Ley de Dios y su pueblo.

El poder atacante, representado por un cuerno pequeño, (y por una bestia en Apoc.13: 1-10), produce la gran apostasía dentro de la iglesia cristiana.  El cuerno pequeño, que surge de la cuarta bestia y se convierte en un poder perseguidor principal después de la caída de Roma, procura “cambiar los tiempos y la ley” (Dan.7:25).  Este poder apóstata tiene mucho éxito, pues logra engañar a la mayor parte de los habitantes del mundo, pero al fin, el juicio decide contra él  (Dan.7:11, 22, 26). Durante la tribulación final, Dios interviene a favor de su pueblo y los libra (Dan.12: 1-3).

Hay un sólo poder dentro de la cristiandad al cuál se le puede aplicar esta profecía.  Hay una sola organización religiosa que pretende tener el derecho de modificar las leyes divinas. (continúa novena parte)

    

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